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Nuestra mirada está puesta en Cristo

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Nuestra mirada está puesta en Cristo
2026-09-19

Nuestra mirada está puesta en Cristo

Juan 21:22
«Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú».

En nuestro camino de fe, Dios utiliza a muchas personas para ayudarnos: pastores, maestros, familiares y hermanos maduros. Algunos nos enseñan, otros nos corrigen y otros nos sostienen en momentos difíciles. Debemos agradecer a Dios por sus vidas, respetarlos y aprender de su ejemplo.

Sin embargo, nunca debemos olvidar una verdad fundamental: nuestra fe no está puesta en los hombres, sino en Jesucristo.

Cuando las personas ocupan el lugar de Cristo

En la iglesia de Corinto, algunos creyentes comenzaron a identificarse demasiado con determinados líderes. Unos decían: «Yo soy de Pablo» y otros: «Yo soy de Apolos». Pablo tuvo que recordarles:

«Yo planté, Apolos regó; pero el crecimiento lo ha dado Dios».
— 1 Corintios 3:6

Pablo y Apolos habían trabajado fielmente, pero la obra pertenecía a Dios. Los hombres podían sembrar y regar, pero solamente Dios podía producir el crecimiento.

También nosotros podemos admirar tanto a un pastor, predicador o líder que terminemos dependiendo espiritualmente de él. Entonces, cuando esa persona se equivoca, cambia, se marcha o nos decepciona, nuestra fe comienza a tambalearse.

Pero si nuestra fe depende de que una persona nunca falle, hemos colocado sobre ella un peso que solamente Cristo puede soportar.

Los hombres pueden fallar; Cristo permanece

Todo ser humano tiene limitaciones. Incluso los creyentes más maduros pueden equivocarse. Pedro negó al Señor, Tomás dudó y Pablo reconoció sus propias debilidades.

Jesús, en cambio, nunca cambia:

«Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos».
— Hebreos 13:8

Las personas pueden decepcionarnos, pero Cristo permanece fiel. Los líderes pueden cambiar, pero Cristo continúa siendo la cabeza de la Iglesia. Nuestra seguridad no está en que todos actúen correctamente, sino en que Jesús nunca dejará de ser quien es.

«Sígueme tú»

Cuando Pedro preguntó a Jesús qué sucedería con otro discípulo, el Señor le respondió: «¿Qué a ti? Sígueme tú».

En ocasiones miramos demasiado lo que hacen los demás. Si otros son fieles, avanzamos; si otros se enfrían, también nos desanimamos. Si alguien nos reconoce, servimos con entusiasmo; si no lo hace, pensamos en abandonar.

Pero Jesús continúa diciéndonos:

Aunque otros retrocedan, sígueme tú.
Aunque alguien te decepcione, sígueme tú.
Aunque no te reconozcan, sígueme tú.
Aunque no comprendas lo que sucede, sígueme tú.

Nuestra fidelidad a Cristo no puede depender de la fidelidad de otras personas.

Aprender de otros sin apartarnos de Jesús

Pablo dijo:

«Sed imitadores de mí, así como yo de Cristo».
— 1 Corintios 11:1

La clave está en las palabras «así como yo de Cristo». Podemos aprender de una persona en la medida en que su vida refleje a Jesús. No la seguimos ciegamente, sino que comprobamos su enseñanza y su conducta a la luz de la Palabra de Dios.

Un buen líder cristiano no busca que las personas dependan de él. Su misión es ayudarlas a conocer, amar y obedecer más profundamente a Cristo.

La Iglesia no pertenece a un pastor, a una familia ni a una denominación. La Iglesia pertenece a Jesucristo. Él la compró con su sangre, Él la sostiene y Él la conducirá hasta el final.

Los siervos cambian, pero el Señor de la Iglesia permanece.

Para reflexionar

  • ¿Depende mi fe demasiado de alguna persona?
  • ¿Me desanimo cuando un líder o un hermano me decepciona?
  • ¿Estoy siguiendo verdaderamente a Cristo?
  • ¿Ayudo a otros a depender de Jesús o a depender de mí?

Oración

Señor Jesús, gracias por las personas que utilizas para enseñarme, ayudarme y acompañarme. Ayúdame a respetarlas y amarlas, pero no permitas que ocupen el lugar que solamente te corresponde a ti.

Cuando alguien me decepcione, recuérdame que tú permaneces fiel. Cuando mire demasiado lo que hacen los demás, hazme escuchar nuevamente tus palabras: «Sígueme tú».

Quiero mantener mis ojos puestos en ti, obedecerte y vivir para tu gloria. Amén.

Verdad para recordar: Podemos agradecer a Dios por las personas que nos ayudan en la fe, pero nuestra confianza, obediencia y mirada deben permanecer siempre puestas en Jesucristo.