DESPERTARSE EN LA NOCHE, NO SIEMPRE ES EXTRAÑO.
Salmo 4:8
En paz me acostaré, y asimismo dormiré; Porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado
¿Te ha ocurrido alguna vez que te despiertas de madrugada y no puedes volver a dormir? NO SIEMPRE ES ALGO EXTRAÑO.
Todo está en silencio. La casa descansa, pero tu mente comienza a llenarse de pensamientos. Aparecen las preocupaciones, las responsabilidades del día siguiente, los problemas familiares o las incertidumbres del futuro.
En esos momentos, el silencio exterior contrasta con el ruido que llevamos dentro.
Aprovecha esos momentos para hablar con Dios mediante tres actitudes: abrir el corazón, orar con fe y entregar nuestras cargas.
No significa que SIEMPRE despertarnos a las tres de la madrugada siempre tenga que ser una señal especial de Dios u otra cosa. La Biblia no enseña eso. Pero sí nos muestra que cualquier momento, incluso una noche de insomnio, puede convertirse en una oportunidad para acercarnos al Señor.
1. Abre tu corazón: «Señor, aquí estoy»
Salmo 62:8
El salmista nos invita a derramar nuestro corazón delante de Dios, porque Él es nuestro refugio.
A veces pensamos que para orar necesitamos encontrar las palabras adecuadas. Pero Dios no espera discursos perfectos: nos invita a acudir sinceramente a su presencia.
Podemos decirle:
«Señor, mi corazón está inquieto. Hay cosas que no comprendo, situaciones que me preocupan y pensamientos que no consigo detener. Aquí estoy, delante de ti. Ayúdame a escuchar tu Palabra y a confiar en tu presencia».
David recordaba a Dios mientras permanecía en su lecho. No necesitaba encontrarse en un templo para cultivar su comunión con el Señor.
La primera enseñanza es que no tenemos que esconder nuestra inquietud delante de Dios. Podemos presentarnos tal como estamos.
2. Ora con fe: «Señor, necesito tu paz»
Filipenses 4:6-7
Pablo anima a los creyentes a presentar sus peticiones a Dios mediante la oración, acompañada de gratitud, y habla de la paz de Dios que guarda nuestros corazones y pensamientos en Cristo Jesús.
Observemos algo importante: el pasaje no promete que todos los problemas desaparecerán inmediatamente.
Promete algo todavía más profundo: que podemos experimentar la paz de Dios aun cuando las circunstancias no hayan cambiado.
A veces pedimos: «Señor, quítame este problema».
Pero también necesitamos aprender a decir: «Señor, fortaléceme para atravesarlo contigo».
La fe no consiste en negar que existen dificultades. Consiste en reconocer que nuestras dificultades no nos separan del cuidado de nuestro Padre celestial.
Cuando la ansiedad quiera ocupar toda nuestra atención, podemos dirigir nuestros pensamientos a Cristo y recordar su fidelidad.
La segunda enseñanza es que la paz cristiana no depende de tener todas las respuestas, sino de confiar en aquel que permanece con nosotros.
3. Entrégale tus cargas: «Señor, mi futuro está en tus manos»
Salmo 37:5
El salmista nos llama a encomendar nuestro camino al Señor y confiar en Él.
Esta es quizá la parte más difícil de la oración: entregar aquello que quisiéramos controlar.
Nos preocupamos por el mañana, por nuestros hijos, por la salud, por el trabajo y por tantas situaciones cuyo desenlace desconocemos.
Sin embargo, hay una diferencia entre ser responsables de nuestra vida y pretender controlar todo lo que sucede.
Entregar nuestras cargas no significa dejar de actuar, abandonar nuestras responsabilidades o esperar pasivamente.
Significa hacer lo que nos corresponde y confiar a Dios aquello que escapa de nuestras manos.
Jesús mismo, en Getsemaní, expresó su angustia delante del Padre y sometió su voluntad a la voluntad divina (Mateo 26:39).
¡Qué extraordinario ejemplo!
La confianza no elimina necesariamente el sufrimiento, pero nos permite afrontarlo en comunión con Dios.
La tercera enseñanza es que descansar en el Señor significa dejar de vivir como si todo dependiera exclusivamente de nosotros.
Reflexión final: Descansar antes de dormir
El Salmo 4:8 declara:
«En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado».
Lo más importante de este versículo no es únicamente la posibilidad de dormir, sino la razón de esa confianza: Dios es nuestro refugio.
Quizá esta noche no consigas conciliar el sueño inmediatamente. Quizá mañana continúen algunas preocupaciones.
Pero puedes recordar que no tienes que enfrentarte a ellas solo.
No necesitas esperar a que todo esté resuelto para comenzar a descansar en Dios.
Si esta noche vuelves a despertarte, recuerda estas tres sencillas oraciones:
Señor, aquí estoy. Quiero abrirte mi corazón.
Señor, necesito tu paz. Ayúdame a confiar en ti.
Señor, pongo mi vida en tus manos. Enséñame a descansar en tu voluntad.
Oración final
Padre celestial:
Gracias porque puedo acercarme a ti en cualquier momento del día o de la noche.
Tú conoces mis pensamientos, mis temores, mis preocupaciones y también aquellas cargas que no comparto con nadie.
Señor, cuando mi corazón esté inquieto, ayúdame a recordar tu fidelidad.
Cuando los pensamientos me impidan descansar, dirige mi mirada hacia Jesucristo, en quien encuentro verdadera esperanza.
Y cuando tenga miedo del futuro, enséñame a confiar en tu sabiduría, sin abandonar las responsabilidades que has puesto en mis manos.
Pongo delante de ti mi familia, mi salud, mi trabajo, mis decisiones y todo aquello que hoy me preocupa.
Concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo controlar, fortaleza para afrontar lo que debo hacer y sabiduría para reconocer tu voluntad.
Que tu Palabra llene mi corazón y que tu paz guarde mis pensamientos.
En el nombre de Jesús.
Amén.
