Navidad revelación del amor de dios

Navidad revelación del amor de dios

1 Juan 4:7-14

LA NAVIDAD REVELACIÓN DEL AMOR DE DIOS

En estos días “celebramos”, la “natividad”, es decir el nacimiento de Jesús, la Navidad. En estos días necesitamos más que nunca saber en quien hemos creído, esta situación catastrófica actual no es la primera ni tampoco la última, por eso vamos a centrarnos realmente en el porqué de las cosas.

La navidad son muchas cosas, si piensas que es la navidad, o que es la navidad para ti, o para la humanidad; Pero esta celebración se celebra de forma confusa, religiosa, materialista, interesada y alejada de la verdadera realidad de su esencia: la navidad es la revelación del amor de Dios hacia la humanidad, y concretamente del amor de Dios hacia ti.

Revelación supone exponer a la luz algo que está oculto, ciertamente esta revelación sigue todavía siendo ocultada por otras luces que quieren negar esta realidad, que Dios te ama. La Biblia dice que:

 1.Dios te amó primero

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y envió a su Hijo para que fuera ofrecido como sacrificio por el perdón de nuestros pecados. (1 Juan 4:10)

La Biblia no intenta decirnos lo que Dios es en sí mismo, sería muy complicado y prácticamente imposible conocer la complejidad de Dios, su propia esencia y naturaleza, pero si podemos conocer lo que Él es para nosotros y lo que hace por cada uno de nosotros.

No pretende manifestarnos su naturaleza, su ser y su identidad por completo, sería imposible, sino, más bien, como se comporta hacia nosotros.

Al decir, pues, que “Dios es Amor” (1 Jn 4, 8), quiere afirmar que Dios nos ama. Y que el amor es la única razón y el motivo único de toda su actuación con respecto a nosotros. Nos crea por amor, nos preserva por su amor, nos elige y nos llama en Cristo por amor, y por amor nos predestina, desde toda la eternidad, a ser hijos suyos en su único Hijo.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;  no por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, (somos su creación) creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas. Efesios 2:8-10

Claro está que, al manifestarse lo que Dios es para nosotros, nos dice también, y al mismo tiempo, lo que Dios es en sí mismo. Su comportamiento con nosotros, revela, de hecho, su verdadera identidad: Dios es amor.

El que no ama, no ha conocido a Dios; porque Dios es amor. 1 Juan 4:8

La máxima expresión del amor que Dios es y del amor que Dios nos tiene, se llama Jesucristo. El es la manifestación suprema, y la demostración definitiva de que Dios es amor y nos ama. Esta es la revelación de la Navidad.

En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. (1 Jn 4, 9-10).

Propiciación, algo que se ofrece para pagar una deuda. En este caso la deuda es el pecado, el qué aquí, es el quien, Cristo Jesús.

El pecado es pasar la línea de forma voluntaria y consciente de lo que Dios dice, sabiendo que Dios es justo  bueno y es amor y lo que dice es de la misma forma, justo y bueno. El pecado es hacer lo malo, o de dejar de hacer aquello que es bueno ».​ Así que pecado es todo aquello que se aparta de lo correcto, de lo justo y de lo bueno, y de eso sabemos por experiencia mucho, ¿verdad? Y esto necesariamente nos aleja de un Dios de amor, de un Dios justo y de un Dios bueno, haciendo que cada uno de nosotros siga un camino alejado de Dios, un camino quizás injusto, no bueno y de falta de amor, la Biblia a esto le llama estar perdido, no solo esto, sino que es un camino que lleva no solo a la perdición, sino a la muerte no sólo física, sino espiritual, es decir a estar alejado de Dios no solo ahora sino también luego de nuestra existencia física.

Pero la Biblia dice…

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna. (Jn 3, 16)

Por eso necesitamos reconciliarnos con Dios, La Navidad es una revelación de reconciliación con Dios,  la Biblia dice:

Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en Dios por el Señor nuestro Jesucristo, por quien hemos recibido ahora la reconciliación. (Rom 5, 8).

El gran mensaje de la revelación, y de la navidad que se convierte en Evangelio, es decir, en la Buena Noticia, encuentra su máxima realización y expresión histórica en Jesucristo, en su nacimiento, en su vida y en su muerte.

Ahora, podríamos preguntarnos: ¿Por qué nos ama Dios? Y tendremos que responder que la razón y el porqué de su amor hacia nosotros no están en nosotros mismos, sino en él. Dios nos ama porque él es el Amor.

Por eso, conocer de verdad a Cristo y creer en él, es conocer de verdad a Dios y estoy conlleva creer en su amor.

Y creer de verdad en el amor de Dios, es creer en Cristo. “Nosotros, confiesa Juan, hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él”

Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él. (1 Jn 4, 16)

Toda la vida espiritual cristiana se reduce, en última instancia, a creer de verdad que Dios nos ama.

Nuestra fe y la marcha en nuestra vida cristiana depende de esto…

“El nos amó primero” (1 Jn 4, 19)

El amor de Dios es, sin duda posible, anterior al nuestro. “El nos amó primero”, afirma el apóstol Juan (1 Jn 4, 19). La iniciativa no es nuestra, sino suya. Y nos ama a nosotros “por nosotros mismos”, buscando sólo nuestro bien.

Dios nos ama a nosotros porque somos nosotros. Y somos nosotros por lo cual nos ama, ya que su amor llevó a Dios a crearnos y ser lo que somos.

Decir amor es decir amor incondicional. Y decir Amor absoluto es decir amor sin depender de nada.

Cuando se ama de verdad, se ama simplemente por amor. No se busca nada a cambio.

Hay un orden en esta revelación del nacimiento de Cristo.

Al fariseo que le pregunta cuál es el mandamiento principal de la Ley ( Mt 22, 36), Jesús le contesta, remitiéndose al Antiguo Testamento (Dt 6, 5 y Lev 19, 18).

Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?

Jesús le dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.

Este es el primero y grande mandamiento.

Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo.

De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas. Mt 22:36-40


Hablando del amor de Dios y del amor a Dios, hemos de reconocer un orden, que es el orden del amor,  y que podríamos formular así: a) Ser amados. b) Saber que somos amados. c) Dejarnos amar. d) Amar. Y, en ningún momento y por ninguna razón, deberíamos intentar cambiar este orden, pues sería desconocer y contradecir la realidad, y perdernos en un laberinto de confusiones.

a) Ser amados.-El principio objetivo de todo es que somos amados. Esa es la realidad histórica, el hecho primario y más fundamental de todos, que debe convertirse en lo primero que hemos de saber y aceptar. Todo parte de ahí y todo encuentra ahí su última razón de ser. Existimos, porque somos amados. Somos personas, porque somos amados.

Somos creyentes, cristianos porque somos amados. El hecho de ser amados constituye la raíz viva de todo lo demás.

“Dios es amor, y quien permanece en el amor, permanece en Dios y Dios en él” (1 Jn 4, 16).

Sin embargo, nos acecha siempre la misma peligrosa tentación: creernos protagonistas y comportarnos como si lo fuéramos.

Pelagio era un monje británico del siglo IV que afirmaba que la gracia divina no era necesaria, ni gratuita, sino merecida por el esfuerzo del ser humano.

Es la vieja herejía pelagiana. Olvidamos, con demasiada frecuencia, que todo lo bueno es de ‘gracia’, porque no viene de nosotros, sino de Dios.

Pero esto no es así, porque nos es ofrecido y dado amorosamente, y sin mérito alguno de nuestra parte. Ser amados por Dios y de forma enteramente gratuita, personal y entrañable, es lo absolutamente primero, fuente y origen de todo lo demás.

Pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados, nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), y juntamente con él nos resucitó, y asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; No por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:4-9

Su gracia nos transforma por dentro. Y, al transformarnos realmente, nos capacita para responder en ese mismo orden de amor. Sin ese amor que nos transforma, nada podríamos hacer.

 Más el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe,  mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. Gálatas 5:22-23

b) Saber que somos amados.-Dios nos ama, y quiere que lo sepamos. Porque sólo cuando uno es amado de verdad y se sabe de verdad amado, siendo plenamente consciente de esa realidad, ese amor se convierte en la experiencia más increible y transformadora de tu vida. Esta verdad se transforma en una verdad liberadora.

y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres. Juan 8:32.

Toda la revelación es el sincero y gigantesco esfuerzo de Dios para convencernos de su amor, para hacernos sabedores y conscientes de que nos ama. Y este ‘esfuerzo’ culmina en la máxima prueba y demostración de su amor hacia nosotros, que es Jesús: en su nacimiento, vida, pasión, muerte y resurrección.

Jesús mismo es revelación de Dios, para reverlarnos su infinito amor, que es la expresión suprema del amor del Padre que da la vida por nosotros.

Podemos dudar de muchas cosas, comenzando por nosotros mismos. Pero, honradamente, “no podemos dudar del amor de Dios”

Y se trata de un amor personal, pues se dirige a cada uno de forma cercana, de tú a tú, sin posible confusión. Dios ama a cada persona en particular y la ama por ella misma, tal como es.

Su amor nunca separa ni aísla. Su amor une y produce unidad. Por eso, crea siempre lazos, crea verdadera comunidad. Para Dios, cada persona es única. Por eso Dios ama la unidad, porque es amor, y el amor no es controversia, ni rencilla, sino unidad.

Y es que el amor verdadero saca definitivamente del anonimato a la persona amada. Ya no la confunde con nadie. Dios nos quiere porque es ella misma. Y es, en realidad, ella misma porque Dios la ama. Cada uno tiene, para Dios, un nombre absolutamente propio y, por eso, inconfundible. No es nunca un ‘número’, un ‘caso’ o “uno más”.

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias. Al que venciere, daré a comer del maná escondido, y le daré una piedrecita blanca, y en la piedrecita escrito un nombre nuevo, el cual ninguno conoce sino aquel que lo recibe. Apocalipsis 2:17

 “No somos un producto casual y sin sentido de la evolución. Cada uno de nosotros es fruto de un pensamiento de Dios y de su amor. Cada uno de nosotros es querido, cada uno de nosotros es amado, cada uno es necesario

Que contrario es esto a lo que el mundo quiere hacer con nosotros, que trata de “predicar” que no todo el mundo es necesario, solo los jóvenes y sanos, pero los no nacidos son alguien para Dios, las personas con graves problemas y deficiencias físicas o sicológicas merecen nacer, las personas muy ancianas son valoradas por Dios y Dios quiere que las valoremos frente a un mundo que vende la juventud, y la productividad. Tanto tienes tanto vales, tanto produces tanto vales, tanto sabes tanto vales. Nuestro Dios no es así.

Ser alguien para alguien y, en definitiva, ser y saberse amado de verdad con un amor personal, es una experiencia no sólo tremenda, increible, sino también auténtica, porque es el principio de la realización del ser humano. Tener cosas, dinero o tener poder, finalmente no hace que el ser humano se realice.

Y esto vale, sobre todo, cuando ese Alguien se escribe con mayúsculas, porque sólo Él, Dios, es capaz de colmar infinitamente los infinitos anhelos del corazón humano.

d) Dejarnos amar.- porque amor no se impone. El amor se ofrece, el amor se da.

Pertenece a la dignidad misma del amor, que no se imponga. Y pertenece a esa misma dignidad y a su nobleza el que la persona humana haga el gesto de abrirse a ese amor, de acogerlo libremente, de creer y de consentir activamente ser amado.

Por eso, el amor es lo más fuerte y, al mismo tiempo, lo más débil del universo.

Lo más fuerte, porque se está ofreciendo gratuitamente desde que Cristo vino al mundo, sin agotarse, porque nunca se decepciona ni se bate nunca en retirada, porque es siempre fiel, ya que es totalmente incondicional siempre busca una respuesta del ser humano y siempre espero lo mejor del otro.

Y el amor es también lo más débil, porque nunca emplea la fuerza para imponerse, nunca entra a saco en la vida de nadie.

Por eso Dios no impone la salvación, Dios no impone la fe, Dios no impone ni siquiera a su propio Hijo, que se entregó por amor a nosotros, Dios ofrece….ofrece y no impone la salvación.

He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo. Apocalipsis 3:20

Cristo no echa la puerta abajo, sino que llama, y sólo entrará si le abrimos

Toda la obra que tenemos que hacer nosotros, en relación con el amor que Dios nos tiene, es dejarnos amar. Esta actitud no es pasiva, sino una entrega activa y consciente; no es espera, sino esperanza; no es cruzarse de brazos o cerrarse sobre sí mismo, sino abrir el alma de par en par y creer con todas las fuerzas en ese amor que Dios nos ofrece, pero que no impone nunca. Esto podría ser un buen resumen de lo que significa creer en Dios.

El verdadero amor es respeto. Y el amor infinito es infinito respeto. Tiene temor de molestar y de importunar. Sólo espera que se le permita entrar y que se le acoja gozosa y confiadamente. Dios sólo quiere que nos dejemos amar por él, que reconozcamos que él nos ama con amor incondicional, personal y entrañable (genuino, desde las entrañas) -que son tres características esenciales del verdadero amor-, que creamos de verdad, con fe, que su amor no desaparece en las circunstancias. Sabiendo, por otra parte, que dejarnos amar es la manera mejor y más eficaz de amarle y de responder a su amor. Confiamos en Dios, tenemos fe en Él, porque sabemos que finalmente Él nos ama.

En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. 1 Juan 4:18


Dios espera de nosotros y nos pide, sobre todo, que creamos en su amor, que nos dejemos amar por él. Por supuesto, no sólo cuando las cosas nos salen según nuestros planes, sino también -y de un modo especial- cuando los acontecimientos son adversos y las circunstancias contradicen nuestros deseos y nuestras ilusiones.

¿No hay que creer en la luz, cuando es de noche? Precisamente en ese momento es  cuando más hay que creer.

Es éste la mejor adoración que podemos tributarle a Dios y el único servicio que le complace de verdad. Pero, resulta que nosotros nos empeñamos en ofrecerle lo que no nos pide y en darle lo que no le agrada.

Si queremos agradarle de verdad, hagamos lo que de verdad le agrada, que es fiarnos de él absolutamente confiar plenamente en Él, sin otra garantía que él mismo.

Así que resulta que amar a Dios es dejarse amar por él. Y  madurar en el amor es dejarse guiar por él.

Así que no se es cristiano por una decisión ética o religiosa, ni mucho menos, nada más alejado de la realidad, sino por el encuentro con una Persona que es Jesús, que da un nuevo horizonte a mi vida y, con ello, una orientación determinante en todo lo que queda por delante.

d) Amar.-Sólo desde la certeza y de la experiencia de ser amados por Dios, podemos nosotros amar de verdad.

Y amar con el mismo amor que recibimos, con el mismo amor -gratuito, personal e incondicinal- con que somos amados.

Ser amados por Cristo -realización y expresión máxima del amor de Dios a nosotros-, nos capacita para amar y nos impulsa genuinamente a amar de forma inevitable.

 Esa es la raíz viva, de donde brota el árbol, con su tronco, sus ramas, sus hojas y sus frutos. Ese es el reino y su justicia, y todo lo demás es “añadidura”.

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas. Mt 6:33


La certeza de ser amados infinitamente, se convierte en certeza de poder amar sin límites El amor que gratuitamente recibimos, y que el Espíritu Santo derrama en nuestros corazones (Rom 5, 5), crea en nosotros no sólo la doble seguridad de ser amados y de poder amar con ese mismo amor, sino también la capacidad real y el ánimo y la fuerza de amar a Dios y a los demás, con igual medida: Sin medida.

y la esperanza no avergüenza; porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado. Rom 5:5


El hecho de ser amados, de saber que somos amados y de dejarnos amar, consintiendo activamente en ese amor, es fuente viva y principio eficaz y, también, la mejor pedagogía para aprender a amar. “Puesto que es Dios quien nos ha amado primero (Jn4, 10), ahora el amor ya no es sólo un ‘mandamiento’, sino la respuesta al amor de Dios, con el cual viene a nuestro encuentro” “El amor puede convertise en un mandamieto porque antes ese amor nos es dado

Nada como el nacimiento de Cristo puede dar de un modo pleno y definitivo de esta seguridad y libertad.

Gracias a su nacimiento y a esta revelación de Su amor, la persona amada se libera progresivamente de la necesidad de colocarse en el centro de todo y de poseer al otro, y del miedo a darse a al otro; aprende, más bien, a amar como Cristo ha amado, con aquel mismo amor que ahora se ha derramado en su corazón y la hace capaz de olvidarse de sí misma y de darse como ha hecho el Señor”

quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. Tito 2:14


Dios, por ser Amor -en sí mismo y para nosotros-, es la raíz viva y permanente y la máxima garantía de nuestra capacidad y necesidad de amar. Sólo un amor, fundado en el amor de Dios, que brota genuinamente de Dios, puede permanecer siempre fiel y superar con victoria todas las pruebas.

  1. Amamos porque somos amados”

    El amor de Dios no es sólo anterior al nuestro, sino causa y origen, raíz uy origen de nuestro amor a Él y a los demás. Y puesto que el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado (Rom 8:5), nosotros amamos, porque somos amados.


“Quien quiera amar, debe a su vez recibir el amor de Dios como un reglao. Es cierto -como nos dice el Señor- que el hombre puede convertirse en fuente de la que manan ríos de agua viva.

El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva. Juan 7:38

No obstante, para llegar a ser una fuente así, él mismo ha de beber siempre de nuevo de la  fuente que es Jesús.

Así que nuestro mandamiento aquí es creer en el amor de Dios y dejarnos amar por él. Sabiendo, por otra parte, que en buena lógica de amistad creer en el amor de una persona, es la mejor manera de amarla. Y que dejarse amar es la más eficaz forma para aprender amar de verdad.

En este sentido, podemos afirmar que decirle a Dios: ‘Creo en tu amor’, es la forma suprema de decirle: ‘Te amo’. De este modo, el edificio de nuestra vida espiritual cristiana ya no se apoya en la arena movediza de nosotros mismos o de nuestra circunstancias o emiciones, sino en la roca firme de Dios y en la de esta revelación de Navidad, que Dios te ama.

Así que Navidad hermanos, es la mayor y más maravillosa revelación del amor de Dios, un amor que se sigue revelando en la Escritura, pero sobre todo debe de revelarse en nosotros mismos, nosotros mismos nos podemos convertir en revelación de Dios, al creer en su amor y amar, ese es la revelación de Dios con su hijo Jesucristo, sabiendo que:

  1. Cristo es nuestro amigo

Nadie tiene amor más grande que el dar la vida por sus amigos. (Juan 15:13)

  1. Su amor es incondicional

Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros. (Romanos 5:8)

  1. Su amor es más grande que cualquier amor que conozcamos, incluso el de una madre.

¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. (Isaías 49:15)

  1. Sabiendo que de la manera con que Dios nos ama,

Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna.

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él.

El que en él cree, no es condenado; pero el que no cree, ya ha sido condenado, porque no ha creído en el nombre del unigénito Hijo de Dios.

Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas.

Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas.

 Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios.  (Juan 3:16-21)

  1. Sabiendo finalmente que Nadie nos podrá separar de este amor.

 ¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, o peligro, o espada?

Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.

Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir,

ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Romanos 8:35-39

Feliz Navidad 2020

José A. Cervero

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